Posicionamiento sobre el trabajo de los gestores
- Se ha querido desacreditar la labor de los gestores de trámites, pero lo cierto es que su trabajo responde a una realidad: la complejidad y lentitud de los procesos administrativos que enfrentan los ciudadanos.
Por Ernesto A. Gómez Martínez
En días recientes se ha escuchado un discurso que busca desacreditar y hasta ridiculizar la labor de quienes se dedican a gestionar trámites, cuestionando su función e incluso señalándolos de manera injusta. Al respecto, es necesario dejar en claro que este trabajo es legítimo, digno y responde a una realidad: los trámites municipales y gubernamentales son, en muchos casos, complejos, tardados y desgastantes para la ciudadanía.
Resulta irónico que a los pequeños tramitadores que apoyan a ciudadanos se les intente descalificar, mientras que a quienes realizan las gestiones para grandes empresarios nadie se atreve a señalar. ¿O alguien cree que Ricardo Salinas Pliego o cualquier otro magnate dedica su tiempo a formarse en ventanilla para tramitar sus licencias? Por supuesto que no. Ellos también tienen representantes para hacerlo, pero en ese nivel nadie los cuestiona.
Aún más preocupante es que muchos de estos intermediarios prefieren guardar silencio por temor a ser bloqueados en su trabajo, cuando ejercer esta labor es un derecho. La verdadera discusión debería estar en cómo simplificar los trámites para que la ciudadanía no necesite apoyo externo, no en discriminar ni perseguir a quienes han hecho de la gestión un medio de vida honesto.
El representante ciudadano en trámites no es un enemigo público. Es, en todo caso, un facilitador que resuelve lo que el aparato burocrático ha sido incapaz de simplificar. Descalificarlos no soluciona nada; lo que sí resolvería es modernizar los procesos, digitalizar servicios y garantizar que cualquier persona pueda ejercer sus derechos sin obstáculos innecesarios.


