La responsabilidad en el ejercicio informativo ante la era digital

  • Hoy abundan páginas que no informan, sino que operan: unas exaltan sin pudor y otras desacreditan sin pruebas, muchas veces guiadas por intereses y no por hechos. El resultado es confusión para el lector y un daño serio al ejercicio informativo.

Por Ernesto A. Gómez Martínez

Somos responsables de lo que escribimos y de lo que decimos. El problema es que cada vez con mayor frecuencia se cae en la irresponsabilidad de mal influir al lector con especulaciones, notas informativas o supuestos análisis sin el debido sustento.

Hoy ya no existen “unas cuantas” páginas informativas en redes sociales: hay cientos, por no decir miles. Y con ellas aparece el mismo juego de siempre: por un lado la alabanza exagerada y la lambisconería sin pudor; por el otro, el descrédito y el ataque personal sin pruebas. Lo curioso es que ambas coinciden en algo: no informan, operan.

Unas páginas reciben apoyo no para difundir obras, acciones o servicios públicos, sino para aplaudir al personaje en turno. Otras, con el mismo mecanismo, se dedican a desacreditar. El famoso sobre amarillo —ese que no sale en la foto— termina marcando la diferencia y, de paso, torciendo la pluma del escribano.

Basta ver lo que ocurre con el propio alcalde Héctor Santana: algunos días amanece convertido en héroe de proezas políticas y administrativas; y en otros, aparece en el lado opuesto del ring, señalado como el peor gobernante posible.

Con este tipo de “periodismo”, lo único que se logra es confundir al lector, que ya no sabe qué página dice la verdad y cuál cobra mejor. Escribamos con responsabilidad. Pensemos antes de publicar. Y si van a usar inteligencia artificial, úsela bien, con criterio y ética, no vaya a ser que luego el profe jubilado y amigo Nayar Araiza les jale las orejas.

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