La caída no se queda en el senado

  • La salida de Adán Augusto López de la coordinación de Morena en la cámara alta es una señal de desgaste político. Quien pierde esa posición pierde margen de maniobra y respaldo real.
  • En Nayarit, los proyectos que se montaron sobre esa apuesta quedan expuestos. Las alianzas se enfrían y las consecuencias apenas comienzan a sentirse

Por Ernesto A. Gómez

La salida de Adán Augusto López de la coordinación de Morena en el Senado no es un ajuste administrativo ni un simple “cambio de ciclo”. Es un repliegue político. Cuando el poder se erosiona, se abandona la cabina de mando antes de que el costo sea mayor.

Durante meses, su nombre fue empujado desde los estados —y Nayarit no fue la excepción— como una opción presidencial viable. El propio Ejecutivo estatal operó, directa o indirectamente, su promoción rumbo a la Presidencia de la República, apostando a que su cercanía con el centro garantizaba futuro, protección y continuidad.

Hoy esa apuesta queda en entredicho.

La coordinación del Senado es un termómetro real de fuerza política. Quien la pierde, pierde algo más que un cargo: pierde margen, interlocución y control. El discurso del “trabajo territorial” funciona como salida digna, pero no oculta que las condiciones ya no le permitían sostener el poder que ostentaba.

¿Y qué pasa con Nayarit?

Lo inevitable: los respaldos se enfrían, las lealtades se reacomodan y las fotos pesan menos. Cuando una figura nacional cae, los proyectos locales que se montaron en esa ola quedan expuestos, sin red y sin padrino fuerte. En política, nadie cae solo. Y en Nayarit, las consecuencias de haber apostado por esa carta apenas comienzan a sentirse.

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