El desastroso fin de semana en Puerto Vallarta
- Tras el anuncio de la Fiscalía sobre la localización del presunto responsable, la familia de Clarisa pidió levantar los bloqueos en Medina Ascencio. El episodio dejó lecciones sobre omisiones oficiales y la exigencia social de justicia.
Por José Rubén Gómez Bernal
Los bloqueos por el caso Clarisa llegaron a su conclusión, y lo celebra Puerto Vallarta. La familia ya había dado por concluido este episodio en el que los cortes a la circulación vial en diferentes puntos de la avenida Medina Ascencio, trajeron el caos de grandes proporciones para la movilidad y por ende a la actividad comercial.
La misma familia canceló su participación en los bloqueos y pidió a los manifestantes que terminaran, tras del anuncio de la Fiscalía Regional, de que estaba localizado el presunto autor del accidente y del cambio de acusación. No obstante hubo obstinación entre algunos participantes, que por iniciativa propia buscaban prolongar la situación bajo el argumento de que había otras cosas por que protestar, relativas a la función de los servicios que presta el ayuntamiento.
Después de la obstinación en mantener los plantones, fue evidente que había otros intereses en darle duro a la administración municipal, que cosechó lo que sembró: tardía reacción para intervenir como Primera Autoridad. Que si bien no están dentro de sus facultades las investigaciones, sí desde el momento del fatal accidente en el que salió en malas condiciones físicas, y de las que desafortunadamente ya no se pudo recuperar Clarisa, debió intervenir en su ámbito, como lo son los agentes viales que intervinieron en el accidente, iniciar desde ahí con el hilo conducente a los demás procesos que se siguen y fijar una postura oficial. Sin embargo, dejó crecer el problema sin intervenir.
El ayuntamiento fue solidario con la familia, aprobaron una cantidad mensual para el hijo de Clarisa hasta que cumpla la mayoría de edad, en un acto que dividió las opiniones. En las redes sociales estuvo fuerte la discusión, los argumentos a favor que manifestaron su apoyo a la medida acordada por el cabildo, mientras que otras señalaron que se abre la puerta a que en cada accidente en el que haya de por medio familiares lastimados, se les otorgue la misma medida.

No fue sino hasta en las últimas horas del conflicto cuando el alcalde Luis Ernesto Munguía González, fijó su posición: en rueda de prensa dio a conocer la no intervención del Ayuntamiento, por lo que no se envió a ningún representante del Gobierno Municipal, a dialogar con las personas que permanecían en los bloqueos. Según dijo Munguia González, fue con el fin de actuar con cautela y para evitar malos entendidos y que escalaran las protestas.
En sus declaraciones afirmó que por eso era el llamado “porque nosotros somos respetuosos de las expresiones, pero también debemos ser respetuosos con la ciudadanía misma”. Añadió que “vamos a estar coordinados con el Estado para que esta acción se dé en conjunto”. Apeló a la necesidad del respaldo de la seguridad del Estado y Federación, –cosa a la que no tuvo que recurrir el Gobierno Municipal, ante el retiro voluntario de los manifestantes–. Y estableció que no quería que por ningún motivo se malintepretara “una acción en la que tuviéramos proximidad”.
Esta cautela del alcalde contribuyó a que se dieran por terminados los bloqueos, pues la presencia de un ejecutivo del ayuntamiento, hubieran encendido de nuevo las protestas. Es así como se cerró uno de los episodios más impresionantes de solidaridad de la gente en busca de justicia para Clarisa, que seguramente marcará algo definitivo en las acciones de los funcionarios públicos: no ser omisos en sus responsabilidades, y no torcer la ley.

