Testimonio de Amor

Existe una canción muy hermosa es un poema y se denomina: Como han pasado los años. En lo particular brota dentro de mi ser un agradecimiento a mi Santísima Madre de Guadalupe. Hace 25 años, precisamente el 12 de diciembre de 1991,  tuve que ser intervenido quirúrgicamente de gravedad por una trombosis mesentérica de la cual fueron dos operaciones exitosas, gracias a las pericias de los médicos, guiados por la mano de Dios con la intervención de mi Morena del Alma. Esto es un  testimonio de FE que comparto con alegría en estos días tan llenos de gratitud por las fiestas de nuestra reina del cielo y emperatriz de Hispanoamérica.

Desde muy pequeños mis padres nos educaron a sus 10 hijos en la doctrina de la Iglesia Católica, así es que estuvimos dentro de sus enseñanzas fomentándonos las bases para vivir bajo los principios morales que de ella emanan. A la edad de 10 años sentí el deseo de entrar al Seminario de la Diócesis de Tepic durante dos años, siendo mi mentor el Sr Cura Rafael Parra Castillo, párroco de la Iglesia de Guadalupe de Puerto Vallarta Jalisco. Dentro de este recinto educativo había un sacerdote llamado David Medina que en sus enseñanzas nos explicaba del amor tan grande de nuestra madre María de Guadalupe, nos invitaba a rezarle todos los días tres aves marías por las noches para cubrirnos en su manto de misericordia. Situación que ahora después de 57 años lo hago con devoción.

En 1965 fui nombrado presidente de la ACJM, denominada Acción Católica de la Juventud Mexicana; de aquí nació el brindarle una forma de agradecimiento a nuestra Morena del alma la Virgen de Guadalupe manifestándonos con una Antorcha Guadalupana en su honor todos los 12 de diciembre al finalizar sus bellas fiestas. Ahora

este día 12 de diciembre del 2016 se celebran 50 años de su fundación y 40 años de su peregrinar todos los años desde la Basílica  de Guadalupe en la Ciudad de México hasta nuestro paraíso Puerto Vallarta Jalisco, hasta la fecha se le distingue a nivel nacional por su disciplina y su recorrido por más de 80 horas desde que inicia hasta que termina portando la antorcha de la FE con gallardía a paso veloz día y noche con mucha emoción.

Son muchas las experiencias que sus integrantes hemos vivido al paso de los años, es por eso que con los antecedentes que he manifestado, quiero referirme a lo ocurrido hace cinco lustros en mi persona como una manifestación del amor infinito a tan venerada madre celestial y que ahora relato con mucha fortaleza y agradecimiento:

Mi devoción ha sido tan grande que todos los años de alguna forma busco participar en la Antorcha Guadalupana con la finalidad de seguir abonando a su tradición y fue precisamente el 9 de diciembre de 1991 cuando asistí a la Basílica de Guadalupe a despedirlos en su peregrinar en una Santa Misa en su honor a los pies de su imagen original. Tenía en mis manos una pequeña imagen que me habían obsequiado desde hacía unos años y le pedí a mi amigo y compañero antorchista Mario Flores la llevara consigo y me la entregara en su arribo a la Iglesia de Guadalupe en Puerto Vallarta Jalisco. Le dije me entere de tu conato de infarto, te expones mucho en tu salud en esta ocasión amigo y me respondió, compadre no puedo fallarle a mi  Virgencita,  le conteste que Dios te bendiga en este trayecto con la intercesión de nuestra morenita del Tepeyac.

Me quede pensando en la Fe de todos sus integrantes en su XV Maratón Guadalupano y en esos rostros tan llenos de humildad y amor infinito y me sentí sumamente bendecido sentirme parte de este gran contingente portadores de la luz con sus brazos firmes.

Ese día después de pasar esos gratos momentos llenos de emoción me retire a comer con mi amigo Dalmau Costa Alonso qepd, entrañable amigo que quise como a un hermano y le relate de la emoción que se siente estar frente al templo del Tepeyac y revivir el testimonio de amor de la Madre Celestial a nuestro pueblo. Esa noche empecé a sentirme muy mal al grado que no dormí, deseando llegar al otro día temprano por la vía aérea a mi casa. El día 11 de diciembre después de intensos dolores mi hermana Guadalupe me acompaño por la noche al Seguro Social, fui intervenido exitosamente a Dios gracias, logrando mantenerme con vida de una obstrucción en el intestino delgado muy severa.

El 12 de diciembre de 1991 fui trasladado a Guadalajara Jalisco por la vía aérea de manera urgente dada la gravedad de mi caso, guardo en mi mente pasajes como al abrir mis ojos observe desde las nubes la costa de mi tierra amada y me pregunte que estoy haciendo aquí. Seguí dormido hasta sentirme en una sala llena de tubos y con una respiración muy agitada, me dicen me encontraba en terapia intensiva. Siempre por costumbre necesito dormir con almohada, en mis momentos de lucidez le pedía me prestaran una para sentirme mejor, a mi alrededor observaba más enfermos y escuchaba de uno de ellos  que decía tu puedes, tu puedes. Todo esto me hacía reflexionar el aprecio a la vida, cuanta enseñanza.

Fui intervenido nuevamente el 15 de diciembre de ese mismo año por una nueva obstrucción intestinal, recuerdo al llevarme al quirófano escuchaba la voz de mi esposa Mary Elena sintiendo su amor y angustia, buscaba con ansiedad a mi pequeña hija Maryta. Me comentan que si quería a un sacerdote les dije que sí. Mi hermana Pita, enfermera de profesión siempre a mi lado recuerdo me entrego un rosario en mi mano lo sentí lo apreté muy fuerte y ore con fuerza invocando a mi Santísima Madre de Guadalupe, lo juro respetables lectores, sentí una verdadera paz.

Recuerdo con alegría inmensa cuando estaba ya preparado para mi intervención que escuche una voz me llamaba por mi nombre, abrí mis ojos y vi la figura de un hombre con una túnica café me decía vas a salir muy bien, acércate más a Dios, en eso sentí que de mis manos se desprendía mi rosario ocasionado por la anestesia. Más adelante sentí un dolor intenso y me sentí desesperado y poco a poco observe una luz que a cada momento se hacía más intensa y unos brazos que me acurrucaban con mucho amor y eran de una mujer, deseaba verla y no pude, fije mis ojos hacia la luz, me sentía liberado, sin dolor y con una libertad, cuando en un momento volví a sentir dolor y me di cuenta que me encontraba nuevamente rodeado del sonido del monitor que marcaba mi ritmo cardiaco y el respirador. Milagrosamente me restablecía.

Al final cuando mi salud fue aumentando, pregunte primero por el sacerdote para darle las gracias, me comentan nadie estuvo presente, di sus características, nadie conocía a una persona de ese perfil. Inmensa mi sorpresa. Nunca olvide los brazos de esa mujer que me arropo con sus caricias, y esa luz tan intensa y hermosa que ahora en día trato de alcanzar.

Puedo pasar horas relatando esos momentos donde el dolor se convierte en un testimonio de vida, lo importante es saber que estamos protegidos por la Santísima Virgen de Guadalupe, amorosa madre de Jesucristo. Son los tiempos de dar testimonios para que se conviertan en oración permanente.

Gracias mi Morena del alma por tu inmenso amor celebrando con alegría y agradecimiento XXV años que volví a nacer ante tu intervención con Dios

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