Recordando Testimonio Guadalupano

Estimados y respetados lectores, constantemente me preguntan del porqué de mi fe guadalupana, tanto amigos como al igual muchas  personas que siguen todos los años el evento del maratón guadalupano México D.F.-Puerto Vallarta Jalisco. Representa un alto honor dar testimonio de agradecimiento ante acontecimientos que han marcado mi vida, lo hago con la gratitud a mi morena del alma la Virgen de Guadalupe, recordando con mucho amor esta breve historia que daré a conocer  sintiendo que me hierve la sangre de emoción en su relato.

En el año de 1959, tuve el privilegio de ingresar al seminario Diocesano de Tepic Nayarit, en donde un grupo de 66 niños deseábamos convertirnos en sacerdotes; desde ese momento me inculcaron el amor a la Virgen de Guadalupe, me decía mi consejero espiritual; siempre al acostarte reza tres aves marías y pide su protección, confieso que después de 57 años lo sigo haciendo, en verdad me siento tranquilo y duermo excelentemente bien. Lo que ocasiona el deseo de vivir a plenitud, por lo tanto mantengo una energía que me permite seguir trabajando con entusiasmo.

Dentro de este selecto grupo de aspirantes, ahora la mayoría suspirantes, lograron llegar a la meta alrededor de 10 condiscípulos. Tres de ellos fueron nombrados obispos de diferentes diócesis; Los monseñores Mario Espinoza Contreras en Mazatlán Sinaloa, Carlos Aguiar Retes en el arzobispado de Tlalnepantla Estado de México ahora nuevo Cardenal y el Cardenal Francisco Robles Ortega en el arzobispado de Guadalajara Jalisco. Me siento muy orgulloso ya que fuimos compañeros del seminario de la Diócesis de Tepic Nayarit; una dicha muy grande el haber sido llamados por el Señor y ahora se desempeñan como formidables pastores de la Iglesia Católica Universal, hombres piadosos y cultos dignos representantes de Cristo en la tierra.

Me siento muy halagado ya que pocas veces somos miembros de una generación tan bendecida por el Espíritu Santo, me he puesto a pensar que a esa edad  la forma de convivir era armoniosa, desde esos tiempos se intuía del deseo de llegar a ser sacerdotes. Las tres personas a las que me refiero eran diferentes en carácter pero muy precisos en sus objetivos, ahora como príncipes de la Iglesia católica, se han desarrollado con mucha entrega a su ministerio pero sobre todo con responsabilidad en los encargos designados por el Papa. Pido a Dios porque siempre los ilumine porque sabemos de su alta jerarquía por su investidura al servicio de Dios. Agradezco la dicha de haber sido compañero de estos grandes seres espirituales, me congratulo por su designación pastoral y mi respeto por siempre a quienes desde su niñez fueron excelentes  amigos.

Confieso que durante mi adolescencia y juventud estuve  a punto de ingresar nuevamente al seminario, le pedí con todo mi corazón  a  Dios me diera la oportunidad de servirlo. Fue con el Pbro. Don Rafael Parra Castillo que me brindó la oportunidad de dirigir a ACJM a la edad de 15 años, guardo con mucho agradecimiento mi formación. En 1966 un grupo de jóvenes que recuerdo con mucho aprecio; Miguel Ángel Yerena, los hermanos Estrada, Antonio Zúñiga, José María Ibarria y otros compañeros buscamos ofrecer una carrera de antorcha guadalupana en su día 12 de diciembre desde Ixtapa Jalisco,  aún se trasladaba uno por brecha, utilizando vehículos de nuestros padres, nuestro uniforme una camiseta blanca. De ahí se origina el grupo antorcha guadalupana, madre de todas las antorchas de la región. Nuestra organización religiosa tenía grupos de teatro y se practicaba el deporte tanto de futbol como de basquetbol y logramos algunos trofeos.

Por otro lado siguió esta tradición guadalupana hasta ahora lograr una antorcha ejemplar a nivel nacional que viene desde la ciudad de México D.F. desde hace 40 años. Durante todo este tiempo han pasado muchas experiencias de vida ya que cada antorchista tiene una historia que contar, son 50 hombres que con mucha fe y organización emprenden esta peregrinación a través de 80 horas. Lo importante que cada año que pasa se supera en organización, posee un reglamento para quienes desean forma parte de ella, teniendo como requisito gozar de una espiritualidad que los convoque siempre a ser portadores de la luz del evangelio.

Tengo una historia que contar y dar mi testimonio ante el milagro que me concedió mi amor a Dios y a mi Virgen de Guadalupe: El 12 de diciembre de 1991  en la madrugada, fui intervenido quirúrgicamente de emergencia en el Seguro Social de Puerto Vallarta Jalisco, mi operación de pronóstico reservado ya que se trataba de una trombosis mesentérica, mientras llegaba la antorcha guadalupana a su destino final Puerto Vallarta Jalisco me encontraba sumamente grave. Tuve la oportunidad de despedirla en la Basílica  de Guadalupe en el D.F. el día 9 de diciembre de 1991, a mi llegada en vía aérea a mi bello paraíso me empecé  a sentir muy mal, el día 11 de diciembre fui internado por la noche.

Siguiendo con este relato fui trasladado muy grave por vía aérea de urgencia al centro médico de occidente del IMSS ese mismo día. El 15 de diciembre fui intervenido nuevamente y fue esa ocasión cuando tuve mi encuentro con una experiencia capaz de ser relatada al confirmar mi Fe hacia mi Dios y mi morena del alma. Tuve el privilegio de sentir siempre durante la operación quirúrgica la presencia de unos brazos de mujer que me abrigaban con ternura, nunca pude verle la cara, al grado que no sentía ningún dolor, vi una luz azulada realmente esplendorosa al mismo tiempo en mi cuerpo habitaba una energía indescriptible, estaba feliz pero en un instante sentí dolor y fue cuando me di cuenta que volvía de nuevo a la vida, al preguntar en donde me encontraba.

Una vez que pase del peligro, ya en terapia intensiva, recuerdo que antes de entrar a la sala de operaciones, pedí un sacerdote para confesarme, era un hombre con un habito café, en su rostro solo había ternura y me dijo Humberto vas a salir muy bien de la operación no más te pido te acerques con mucha FE a Dios y me dio la absolución. Cuando tuve la oportunidad de estar mejor le pregunte a la enfermera que quería saludar al sacerdote que me dio fortaleza espiritual, cual va siendo mi sorpresa que me dijeron que nadie entro y que el sacerdote que venía a auxiliar a los enfermos era diferente a la descripción que yo di.

Quise dar este testimonio de amor y vida, porque es importante que nos acerquemos a Dios, que el existe, nos da armonía y es el dueño de este mundo que nos ha brindado para gozarlo en toda la extensión  de la palabra pero también para cuidarlo con amor y respeto, pero sobre todo amando al prójimo. Y que la madre de Dios la Virgen María es una magnifica intercesora para lograr atender a nuestras necesidades ante Dios nuestro Creador y Ser supremo.

Agradezco con todo mi corazón a mis compañeros antorchistas guadalupanos por haber decidido que llevara mi nombre la Antorcha Guadalupana en diciembre de 1992 del Maratón XVI México D.F… Pto. Vallarta Jalisco, por el milagro tan grande hecho a mi persona. Mis hermanos me acompañaron corriendo este trayecto, experiencia inolvidable, siempre con la solidaridad de mi bendita madre María Luisa y mi esposa Mary Elena y Maryta. Por eso siempre hasta el último día de mi vida seguiré fomentando el amor a tan preciosa imagen venerada nuestra Señora María de Guadalupe.

Este 12 de diciembre del 2016 cumplo 25 años que volví a nacer, gracias mi Morena del alma por tu intercesión ante Dios para lograr mi salud. Mi agradecimiento siempre y por siempre. Mi Fe cada día más grande, mi testimonio como un acto de Fe que deseo comunicar con alegría.

-.Hago votos para que en nuestras familias logremos estar siempre unidos y así por añadidura tendremos una mejor sociedad viviendo en armonía y con prosperidad compartida.-

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