¿Qué Esconden en API?

Resguardan zona Federal como escena de un crimen…

 

Por: Héctor Colín

 

Puerto Vallarta, Jalisco.- A la Administración Portuaria Integral de Puerto Vallarta entran mariachis, pescadores, vendedores de bronceadores, boleteros, paleteros, cevicheros, pangueros y todo lo que termine en “eros”, excepto periodistas con facha de reporteros.

El director general de API, el arquitecto Miguel Ángel García Beltrán y sus limitados colaboradores se han dedicado los últimos años a resguardar de manera celosa y violenta las puertas de la zona donde atracan los grandes navíos y la zona conocida como Los Peines, argumentando que, ellos tienen la responsabilidad de la seguridad de ese territorio que pertenece a la federación, sin embargo, la seguridad está concesionada a una empresa privada que coloca elementos a los que les paga tres pesos, sin prestaciones y a quienes tienen un coeficiente intelectual menor al de una zanahoria.

Desde hace años, la tarea de cubrir los acontecimientos dentro de la Administración Portuaria Integral ha sido un trabajo difícil y peligroso. Difícil debido a la complejidad con la que los reporteros debemos ingeniárnosla para acceder al recinto en donde seguramente ocurrió algo y es posible que la API trate de esconderlo, refiriéndome al tráfico de drogas, armas, trata de blancas o de introducción de mercancías peligrosas al país por medio de la zona que resguarda Miguel Ángel García Beltrán. El acceso a la información y el derecho a conocer los hechos es una garantía que incluso le corresponde al funcionario de la federación, es decir que, si sucede algo dentro del recinto, a él y su inútil equipo de comunicación le corresponde difundirlo y no censurarlo.

La censura se presta a la interpretación de corrupción. Es de todos conocido el negocio ilegal que tiene el enano arquitecto con el dueño del edificio del frente conocido como Tres Mares, con quien tiene un acuerdo económico que beneficia los bolsillos del funcionario y no de la federación, es decir que, aprovecha la posición para hacerse de negocios ilícitos que ha tratado de esconder sin éxito.

El día de ayer, desde muy temprano las alarmas dentro de la corporación policiaca de Puerto Vallarta se encendieron debido al reporte del hallazgo de un cadáver flotando en las aguas de la bahía. Los reportes señalaban un lugar a la altura de Conchas Chinas en Puerto Vallarta, pero conforme fue avanzando la información, los datos cambiaron al menos en tres ocasiones, terminando la búsqueda con el hallazgo en una zona alejada de la costa y en dirección de la API, entonces, la autoridades decidieron que el mejor lugar para sacar el cuerpo y entregárselo al servicio médico forense era la conocida como Los Peines, que ya está a resguardo de elementos de seguridad privada contratados por el arquitecto fraudulento de la API.

Al llegar al lugar, y con el único fin de conocer la situación y difundirla a los ciudadanos que merecen saber qué fue lo que sucedió con esta persona, quién es, de dónde venía quiénes son sus familiares, en qué condiciones fue encontrado y la razón de su fallecimiento, me dispuse a entrar a la zona federal a hacer no más que mi trabajo, acceder a la información y difundirla sin ningún fin de dolo, sino de conocimiento general, y esto debido a que las autoridades ministeriales se han dedicado a tratar a los muertos humanos como cadáveres de perros que terminan mal refrigerados dentro de las instalaciones del SEMEFO y nunca saben nada de la identidad del fallecido porque los exámenes de ADN tardan poco más de un año, es decir, que para ese momento, el cadáver está podrido, irreconocible y así es entregado a los familiares.

Recapitulando el tema. Como periodistas tenemos la responsabilidad de hacer lo que la autoridad no hace, informar; para ello tenemos que arriesgar nuestra integridad incluso frente a la policía y acceder a lugares en donde no somos bien vistos, somos poco menos que un paletero, un cevichero y un vendedor de bronceadores caseros.

Como resultado de esta cacería, puedo concluir sólo una cosa, para el director de la API es incómodo tener que lidiar con periodistas porque seguramente esconde algo y la relevancia de su delito amerita la rudeza de sus idiotas colaboradores que no sirvieron para resguardar la zona en la que recibió API a un cadáver ayer.

No es la primera vez ni será la última que busque hacer mi trabajo para traerle a nuestros lectores la información que merecen saber. Ya estuve detenido una vez por la recalcitrante y sospechosa forma de actuar de Miguel Ángel García Beltrán porque hice lo que el Fideicomiso no se atreve a hacer, difundir información respecto a la relevancia del arribo de tres navíos a Puerto Vallarta en octubre del año pasado. ¿Acaso eso no es importante para la promoción del destino?. El argumento de aquel entonces fue que yo quizás era un terrorista, mi argumento es que existe la posibilidad de que en esos navíos se continúe con aquella vieja práctica que se hizo famosa en el destino hace algunos años, la entrada de armas traídas desde Estados Unidos y que eran negociadas por los funcionarios de API.

La información no debe esconderse, menos cuando eres funcionario público federal. El día 12 de este mes han llamado a Rueda de Prensa para dar a conocer detalles sobre el avance de la obra. Para ellos, este dato sí es relevante, para nuestros lectores no.

Y adivinen qué… no se sabe nada del muerto.

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