La razón de vivir

 

Por Humberto Famanía Ortega

Algún día nos hemos preguntado cual es la razón de vivir de cada uno de nosotros cuando sentimos la necesidad de cuestionar nuestro actuar por la vida, buscando múltiples  soluciones que nos faciliten el camino. Renegamos muchas de las veces por no encontrar aquellas herramientas que nos hagan ser más efectivos en alguna actividad que deseamos aprovechar para obtener satisfactores que nos redunden en beneficios tangibles. A veces nuestra realidad se encuentra distante de nuestras metas y objetivos por no adquirir los conocimientos necesarios y algo que hace falta en estos días el sentido común. Es por eso que dedico en esta ocasión algunas reflexiones que por azares del destino he aprendido por el caminar en este mundo.

Algo que ha brotado de mí como un manantial es el orgullo por mi querencia el haber nacido en este paraíso maravilloso de Puerto Vallarta Jalisco donde mis padres lo escogieron para el desarrollo de sus hijos. Existió mucho amor y responsabilidad en nuestra educación pero sobre todo en la solidaridad de toda la familia, base moral muy profunda siempre actuando con respeto. Los verdaderos educadores inician con la familia, saben que para educar debe de dar algo de sí mismo y solo así puede ayudar a sus hijos a superar los egoísmos y capacitarlos para un amor autentico. Plantearnos la gran pregunta sobre la verdad que conduce al amor; y el amor implica la capacidad de sufrir juntos.

Sentimiento y responsabilidad siempre deben de estar puestos en nuestra patria chica, pero la razón seria y trascedente se extiende a toda nuestra Patria, porque somos solidarios con el pensamiento de la nación que es la suma de los mexicanos y solo en la medida en que todos cumplamos tareas y deber, aumentaremos la fuerza de México, su capacidad de superar crisis, recuperar ritmos y seguir ascendiendo.

Siempre con voluntad inquebrantable afirmamos que ninguna adversidad puede impedirnos el arribo del cumplimiento eficaz de nuestro destino. Tomando en cuenta que nuestra cultura y tradición no solo nos identifica y unifica sino que constituye el instrumento más eficaz que poseemos para la consecución de las metas en cualquier nivel.

Algo que siempre me pregunto, como debemos de distinguir entre la libertad y la disciplina para poder armonizar nuestra actuación de todos los días y eso se educa así; no hacernos cómplices de los errores, ni fingir que no lo vemos. En la base está el testimonio, que es la forma de vida que es lo que hace creíble a la autoridad. La autoridad de los padres se logra sobre todo en la coherencia de la propia vida, expresión de amor autentico. Debo de reconocer que algunas de las veces somos frágiles y tenemos errores, pero cuando los reconocemos no disminuye nuestra credibilidad. Lo más importante es empezar de nuevo, meterle todas las ganas para lograr ganarnos nuestra propia confianza con emoción y temple.

Algo que siempre he dicho que en la cultura cuando existe unidad en todos nosotros se preserva y enriquecen todas sus manifestaciones por eso luchemos por ellas protegiendo y cultivando los valores que  nos otorgan identidad. Busquemos nuestros propios defectos para que en base en el análisis profundo con el deseo dela superación, los trasformemos en cualidades y así sirvan de pauta de conducta para los demás, demos pues un ejemplo de nuestro hacer y no solo de pensar, destrozando completamente la practica viciosa de la improvisación. Son los tiempos  de razonamientos que impliquen el bienestar de nuestras familias en todos los aspectos, por eso siempre insistiré en lograr que nuestra sociedad conserve los principios que hagan florecer nuestra actuación.

Hace algunos años escuche estos pensamientos que me hacen recordar que si Dios nos doto de razón debemos de analizar que la inteligencia es una competencia que al ser humano le sirve para conocer la realidad, entenderla y llegar a la verdad y así, en torno a esta realidad tomar las decisiones adecuadas que le permitirán crecer, desarrollarse y mejorar como persona. El amor no está peleado con la inteligencia, al contrario al educar nuestra inteligencia y ponerla al servicio de nuestro matrimonio seremos capaces de tomar las mejores decisiones para nutrir y madurar la relación.

En fin distinguidos lectores es importante el justificar nuestra propia existencia; el tener un hogar bien armonizado es sinónimo de lograr la tranquilidad para hacer que las cosas sucedan en beneficio de nuestras familias. La comunicación es indispensable para obtener fortaleza, además de solidaridad cuando sea necesaria, siempre estamos expuestos a cualquier circunstancia. Hagamos a un lado los miedos, cuando se tiene cariño, amabilidad, respeto y se brinda confianza, se mejora todo en nuestra relación.

Ahora no me resta más que decirles a los dirigentes de la administración pública, asociación privada o política que son ellos a los que les corresponde de modo especial trabajar para ofrecer a todos los ciudadanos la oportunidad de ser dignos actores de su propio destino.

  -.Lo importante no es tu aptitud, sino tu actitud, ya que esto la enaltece.-

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