Filosofía Humanitaria

Por Humberto Famanía Ortega

 

Concebir al ser humano es saber que es el conjunto de sentimientos, esfuerzos, voluntad e inteligencia; es por eso que el capital más grande e importante que tenemos los mexicanos, son sus hombres y mujeres, los que no están devaluados, pues las crisis solo ha sido el acicate que permite hacer más con menos, aprovechando la experiencia y capacidad instalada. Lo vemos en algunos sectores de la sociedad que luchan afanosamente por buscar nuevas oportunidades. Encontramos personas que saben organizar su tiempo, trabajan eficazmente, descansan, hacen ejercicios, meditan, y tienen actividades recreativas.

Hago esta mención como mexicano y vallartense a mucho orgullo, he sido testigo de las grandes transformaciones que ha tenido dicho municipio, tanto en lo político, económico, social y cultural y todo esto ha sido gracias al entusiasmo de sus gentes. Sabiendo que a través del tiempo, el esfuerzo en conjunto de sus habitantes, se ha podido consolidar los objetivos y metas concretas. Ahora les toca a las autoridades de los tres niveles de gobierno, seguir estimulando la inversión y la educación para hacer que la semilla germine y logre la armonía de un pueblo que busca su progreso en todos los aspectos.

Siempre he mencionado que el hombre y la mujer se miden por los problemas que puedan resolver, para ello se han de enfrentar  a un mundo de vicisitudes, pero si se sabe fortalecer y educar su espíritu, sabrán convertirse en verdaderos patriotas y dignos hijos de México. Eso es precisamente lo que nos falta cuando el pensamiento se dirige inmediatamente a la capacidad del hombre de conocer cada vez mejor la realidad que lo rodea y descubrir las leyes que rigen la naturaleza y el universo seremos parte alícuota que deseamos con emoción seguir conservando lo creado por Dios.

Por esta circunstancia se tiene que ser firme de corazón y de propósitos sino no habrá justificación en el hacer de nuestra vida. Por ejemplo en nuestra tierra Puerto Vallarta Jalisco ya es famosa la calidad humana de sus gentes, que es lo más digno de un  pueblo. La dignidad humana debe elevarse hasta la cima aun desde la  mayor marginación social, con el valor, el trabajo y el coraje. Debemos buscar siempre el trabajar en equipo con rumbo bien definido que marque objetivos y metas muy precisas sobre todo aquellas que busque el bienestar armónico de nuestras familias.

Con lo anterior descrito viene hacer la herencia  más fuerte y más honesta que debemos de dejar a nuestros hijos para que ellos hagan una lucha con buena actitud en contra de las ideas equivocadas. En su momento dar oportunidad a quienes han cometido errores, para que adquieran conciencia de unidad para el bien de nuestro País y nuestra Patria chica. Son los tiempos de adquirir conciencia nacionalista, primero sentirse orgullosos de nuestra herencia que fue legitimada a base de sacrificio de nuestros antecesores, abuelos, padres pero de todas aquellas mujeres y hombres que lograron legarnos una Nación con cimientos sólidos por el amor y sacrificio.

Por eso  recuerdo a Ma. Eugenia Díaz Gastine cuando hablaba muy atinadamente de los obstáculos para administrar bien nuestro tiempo, y se refería a lo siguiente:

La distracción: Es necesario concentrar los esfuerzos hacia una misma dirección y no hacer distintas cosas a la vez sin poder terminar ninguna. El que mucho abarca poco aprieta; no basta con estar ocupado, se debe dirigir el uso del tiempo para darle sentido a la vida, con las metas que nos propongamos.

La pereza: La persona perezosa es egoísta, hay mucho que realizar y desea hacer lo menos posible. Huye de todo esfuerzo y justifica su actitud detrás de la indiferencia porque no es capaz de dirigir su propia vida en forma productiva.

La demora: Al dejar para después las cosas que debemos hacer. Lo único que esperamos es que pase algo que nos impida cumplir con el compromiso. Los asuntos que hemos demorado por ejemplo; hablar con nuestro hijo, hija sobre su salud, con algún pariente o compañero de trabajo para mejorar su relación.

La impaciencia: La buena administración del tiempo nos pide que respetemos el proceso natural que se necesita para que las metas se alcancen sin forzar situaciones y respetar el ritmo de trabajo de los demás. Exige de nosotros mayor  comprensión, perseverancia y resistencia.

-.La vida familiar suele estar marcada por el debilitamiento de la Fe y los Valores.-

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