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Empezamos a vivir la nueva realidad vallartense

  • La reactivación económica importante, pero todo vendrá poco a poco… Los restaurantes no obligados a tramitar el logotipo de la apertura… Los choferes de los autobuses urbanos, entre agresiones de la gente y multas de tránsito.

Por José Rubén Gómez Bernal

La “nueva realidad” es una frase acuñada en España, también asolada por la pandemia del coronavirus –que en los últimos dos días no ha presentado un solo caso de Covi-19– para comenzar la salida a la reactivación económica y ciertamente a otro estilo de vida. Esa frase la copiaron en los informes de Hugo López Gatell, y ahora se aplica en todo México. Ayer nos estrenamos con la “nueva realidad vallartense” que en realidad no ha tenido mucha diferencia en cuanto al comportamiento de la ciudadanía, en lo que se ve que a muchos vallartenses les vale madre la vida de los demás, al no cumplir con las medidas sanitarias implementadas por el gobierno federal, como son la sana distancia, el confinamiento y el lavado de manos entre otras.

Lo importante es que el lunes primero de junio, se dio un paso rumbo a la “nueva normalidad” con la reactivación económica programada por el gobierno de Puerto Vallarta, y la reapertura de los negocios que se catalogaban como no esenciales. Llega en momentos cruciales en los que muchos negocios no saben si van a sobrevivir, sobre todo las empresas familiares o que tienen poco trabajadores. Lo importante es la apertura, que comience a fluir el dinero, aunque sea poco a poco, porque los buenos tiempos tardarán mucho para que regresen. 

Las medidas de aislamiento social y el uso de cubre bocas, gel antibacterial y distanciamiento siguen vigentes, en cuanto a la ciudadanía, los negocios tienen que cubrir una serie de requisitos en sus locales, para que se les proporcione el distintivo de apertura y todo aquel negocio que no cumpla con ello, no podrá abrir.

LOS RESTAURANTES ¿OBLIGATORIO QUE PASEN LAS PRUEBAS?

En Puerto Vallarta como en el resto del estado, la restaurantería es una de las actividades económicas más importantes, sobre todo en Puerto Vallarta y el Área Metropolitana de Gudalajara, en donde son industrias importantes en la reactivación de la economía. Por la pandemia del Covid-19, muchos restaurantes cerraron al ya no poder sostenerse, otros como no fueron señalados como giros esenciales, permanecieron abiertos hasta estos días, a base de ingenio y lucha constante para sobrevivir.

Los restaurantes que permanecieron abiertos siguieron trabajando bajo estrictas medidas sanitarias, y con la reapertura no necesariamente tienen que tramitar el distintivo, pues se supone que los negocios abrirán con las estrictas medidas de seguridad, que han venido utilizando para impedir que sus trabajadores y los clientes tuvieran contagios del coronavirus.

Para el dirigente de la Cámara de la Industria Restaurantera, CANIRAC, Sergio Sánchez, no es obligatorio que sus afiliados tramiten el engomado que les permite abrir. Muchos establecimientos no cedieron a la pandemia y como pudieron se sostuvieron hasta la reapertura, por lo tanto, es correcto que, si ya prestaban el servicio con todos los protocolos, no tuvieran que gestionar el engomado.

Me queda la duda de los restaurantes que no abrieron, por el regreso van a tener que invertir una buena suma de billetes para echarlos a andar, y tendrán que realizar una asepsia profunda, desde el momento en que cerraron sus puertas las medidas sanitarias quedaron eliminadas, y nadie les supervisará, contrario a los negocios no esenciales que van a tener que invertir en el nuevo inicio y en las medidas sanitarias.

Y NO HAY VUELTA DE HOJA

Habrá una estricta vigilancia a los negocios no esenciales que no cumplan con la normatividad sanitaría, y a los que abran sin su respectivo distintivo. Los inspectores de Inspección y Vigilancia, se encargarán de la supervisión. Algunos comerciantes de los giros no esenciales, se quejan de que no son tratados con el mismo rasero que los restauranteros, y podrían tener razón, pero a estas alturas ya todo está encaminado a la reactivación económica dentro de la Fase 0, y lo preferible es que cumplan con los requisitos de reapertura. Lo mejor que les pudiera pasar a los negocios no esenciales, es que obtengan el distintivo para la apertura, porque eso garantizará a los clientes que es un establecimiento que cumple con las normas, por ende, serán más confiables y tendrán más clientes. Y, además, al tener sus negocios bien sanitizados y protegiendo a sus trabajadores, evitarán contagios internos del trabajo, y lo más importante, proteger a los clientes.

LA DEL ESTRIBO

LO CHOFERES DE AUTOBUSES URBANOS ENTRE LA AGRESIÓN DE LA GENTE Y LAS MULTAS DE TRÁNSITO. – Los choferes de autobuses urbanos al margen de la conducta bravucona de algunos malos choferes, la verdad es que nadan en aguas llenas de tiburones. Por un lado, por la pandemia provocada por el Covi-19, las medidas sanitarias siguen vigentes y una de ellas es que no se salga a la calle sin el cubre bocas. Usted como mucha gente, si ha salido a la calle por alguna razón, se dará cuenta de que un gran sector de la población vallartense no guarda la sana distancia y no trae cubre bocas, y que desde que se inició la pandemia en las colonias del puerto, son letra muerta las exhortaciones a cumplir con los requisitos sanitarios. Sin embargo, a un chofer de un autobús lo obligan a cumplir con los requisitos de no transportar pasajeros que no lleven puesto el cubre bocas.

Como medida es extraordinaria para contener el contagio del virus del Covid-19, pero por desgracia, unos cumplen y otros no. Si un chofer de autobús les dice a las personas que se suben sin tapa bocas que no pueden hacerlo, así le va, vienen los maltratos y las mentadas al chofer y a veces hasta los agarran a golpes. Por el otro lado, si un agente de Tránsito observa que en el autobús viaja un pasajero sin cubre bocas, viene la multa. Curioso, mientras los irresponsables y desmadrosos andan en la calle haciendo de las suyas, y nadie les dice nada, a los choferes urbanos se la aplican como si fuera responsable de la conducta imprudente de los que a fuerzas y sin cubre suben a los autobuses.

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