Cargos públicos: tres años no son eternos

  • En la política las responsabilidades son efímeras y lo que realmente pesa al final son los resultados, no las apariencias ni los shows en redes sociales

Por Ernesto A. Gómez Martínez

En política, nada es eterno. Mucho menos lo son los cargos públicos. Salvo en los casos permitidos por la reelección, el servidor de gobierno debe tener claro que su encargo tiene fecha de caducidad y que su permanencia depende de los resultados, no de la simulación ni del ego que muchas veces se infla con un simple ladrillo.

El poder público se sostiene con las contribuciones de la ciudadanía; de ahí que los funcionarios no deban olvidar que el verdadero contrapeso a su actuar es el pueblo. Claro, también existen medios complacientes que convierten en espectáculo cualquier ocurrencia y terminan haciendo sentir a ciertos funcionarios como si fueran tocados por la divinidad.

Sin embargo, la realidad suele ser distinta: regidores que debutan y se despiden en apenas tres años, sin mayor aportación que levantar la mano, sin leer nunca la Ley de la Administración Pública Municipal ni sus reglamentos. Y mientras unos improvisan en la pasarela política, otros, como el regidor Pepe Castañeda, sacan ventaja con el colmillo que da la experiencia.

Por ello, conviene recordar: el encargo es breve, dura tres años. No más. Quien lo ejerza debe asumirlo con responsabilidad, trabajar en el territorio, atender a la gente y dejar de lado la tentación de convertirse en actor de videos en Facebook. Porque al final, lo que perdura son los hechos, no la simulación ni los escándalos mediáticos provocados por sucesos menores.

La ciudadanía merece gobiernos que actúen con seriedad, no funcionarios atrapados en la frivolidad digital. Y es que, cuando se trata del servicio público, lo único perpetuo es el juicio de la gente.

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