Bahía de Banderas: Crecimiento sin freno, servicios bajo presión
- Mientras el municipio crece con nuevos fraccionamientos y torres verticales, los servicios públicos se ven presionados por la demanda
- Se reconoce el trabajo de Ramón Álvarez Arreola, pero no todos los funcionarios están a la altura
- Algunos funcionarios ya piensan en campañas y cargos futuros, más que en su deber presente.
Por Ernesto Atenógenes Gómez Martínez
Bahía de Banderas sigue creciendo a pasos agigantados. Más población, más vivienda. En la zona turística, proliferan los condominios verticales; en el resto del municipio, avanzan los fraccionamientos y la vivienda de interés social. Este crecimiento, aunque positivo en muchos aspectos, ejerce una presión creciente sobre los servicios públicos y privados.
El gobierno municipal, encabezado por el alcalde Héctor Santana, enfrenta enormes retos: garantizar el abasto de agua potable, mejorar la seguridad pública, optimizar la recolección de basura, ampliar el alumbrado, tapar baches, y dar mantenimiento a vialidades cada vez más transitadas. A ello se suman los retos de movilidad, tránsito vehicular y un sinfín de problemáticas sociales propias de un municipio en plena expansión.
Es tiempo de que el gobierno se reinvente, no solo con nuevas direcciones o jefaturas, sino con una revisión a fondo de su estructura y prioridades. La administración debe crecer al ritmo del municipio, pero con inteligencia, estrategia y vocación de servicio.
Un ejemplo digno de reconocer es el trabajo del joven abogado Ramón Álvarez Arreola, quien desde la Dirección de Servicios Públicos Municipales libra diariamente una batalla para atender la creciente demanda ciudadana. Dentro de lo humanamente posible, lo está haciendo bien.
No ocurre lo mismo con otros funcionarios, quienes parecen más preocupados por cuidar su imagen rumbo a una posible candidatura que por cumplir con la encomienda del alcalde. Algunos ya se visualizan como secretarios estatales o legisladores y, en ese camino, han optado por no “salir a la lumbre”, evadiendo la responsabilidad pública que hoy les toca asumir.
Aunque el presidente municipal ha dado algunos “jalones de oreja”, estos quedan en simples llamados de atención sin consecuencias reales. Y lo peor: varios funcionarios ya le encontraron el punto débil al primer edil y simplemente no hacen caso.
El desafío no es menor. Pero como en toda administración, la clave está en la voluntad de corregir, en el liderazgo para exigir resultados y en la firmeza para actuar cuando las cosas no se hacen bien. Bahía de Banderas lo demanda. Y lo merece.


